El puente del pasado fin de semana estuve en Aranda de Duero, en el Sonorama. Es la segunda vez que voy allí, aunque esta vez fui muchísimo más preparado y con muchísima más compañía.
Personalmente me gustó mucho la otra vez, había menos gente, menos grupos españoles (que a mi, mayormente, no me gustan) y mucho mejor rollo. Esta vez, desgraciadamente, la gente era mucho menos simpática, hacía mucho menos por los demás y contestaba de unas maneras mucho más sarcásticas. Supongo que, hay festivales cuyo espíritu muere conforme se hacen más y más famosos.
Aún así, me lo pasé bien, me duché con agua helada, conocí gente y me reencontré con viejos amigos. Valió la pena.